AGUSTIN CRUZ PAULINO
Eminente escritor y periodista de Monseñor Nouel, un pensador increíble y creador incansable, una verdadera maquinita literaria con un poder gerencial en todas las vertientes de su carrera tanto de prensa como de literatura.
Datos biográficos del autor
El licenciado Agustín Cruz Paulino ha publicado cinco libros:
"El valor de las relaciones públicas", "Los cuentos de Piringo", "Mis elegías y controversias”, “Cuentos sin lágrimas”, y “Cuentos de un soñador”. Además es autor de las siguientes producciones literarias:
En el género del Cuento:
—Espantapajaros
—Cuentos de animales.
—Cuentos para niños.
—Cuentos para aprender.
—Cuentos alegres para niños.
—Cuentos para educar.
En el género de la Novela:
—Un culatazo al comunista.
—Carmita González.
—Novato del amor.
—Cosas de ancianos
En el género de la Poesía:
—Noche oscura.
—10 Poemas por un dolor.
En el género Periodístico:
—Periodismo: Instructivo de redacción.
—Historia del periodismo en Bonao.
En los actuales momentos da los toques finales a una obra de estilo socioóogico, titulada “La moral social en los estudiantes”, la cual resulta muy interesante debido a que cada tema es ilustrado con una narrativa que conlleva a la reflexión; tambien revisa las composiciones que constituirán su última produccion poética, la cual llevará por nombre “Versos para ella”.
El autor, de nacionalidad dominicana, nació en el pueblo de Bonao, provincia Monseñor Nouel; es egresado de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD), donde obtuvo el título de Licenciado en Ciencias de la Comunicación Social.
Ha sido presidente en distintas ocasiones del Círculo Literario Libro Abierto de Bonao; vicepresidente de la Unión de Escritores de Monseñor Nouel. Fue miembro fundador del grupo "De Cara al 5to. Centenario" junto a un seleccionado grupo de estudiantes-poetas de las carreras de Periodismo, Derecho y Medicina, en la universidad estatal de Santo Domingo.
Ha ejercido como maestro en varios centros educativos.
Agustín Cruz Paulino desde el 15 de octubre del año 1992 hasta enero del 2009 se desempeñó como director de La Campana, el periódico de Bonao, el cual desde su inicio se convirtió en el primer periódico gratis de República Dominicana.
Ha sido director, conductor y coordinador de varios programas de radio y televisión.
La participación gremial le ha permitido presidir diversas instituciones, entre ellas, en dos ocasiones, la seccional del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP) en la provincia Monseñor Nouel. Actualmente reside en Estados Unidos de Norteamérica.
Cosas de ancianos
Por
Agustín Cruz Paulino
Cuando los cineastas Carlos Abreu Rod y Carlos Ramírez leyeron el cuento “Cosas de ancianos”, publicado en el libro “Cuentos de un soñador”, inmediatamente descubrieron que reunía las condiciones para convertirse en un buen film; por esa razón solicitaron a su autor que se enfrascaran en un proyecto cinematográfico; y resultó que a los pocos días Agustín Cruz Paulino comenzó a trabajar la historia que había escrito, no para convertirla en un guión para una película, sino para construir una novela de la cual saliera el fruto del rodaje deseado por los profesionales del cine. La tarea no fue fácil, pues trabajar un texto para adaptarlo a tres géneros diferentes (cuento, novela y guión cinematográfico) requiere de mucha ingeniosidad y bastantes horas de trasnochos. Pero lo más importante es haber logrado el cumplimiento de las metas propuestas.
Sinopsi
Pablo y Verónica forman una pareja de enamorados que estando jóvenes se separan por problemas con la dictadura de Rafael Leónidas Trujillo. Transcurrido más de 50 años, y cuando ellos ya están ancianos de 80 y 82 años de edad, se encuentran en la iglesia, y a partir de ese momento sus citas amorosas se hacen frecuentes, manifestándose el amor que aún vive en ellos. En momentos en que el amor adquiere mayor intensidad, Pablo vuelve a desaparecer y Verónica se llena de angustia, al extremo de que se fuga de la casa donde vive, precisamente el día en que se realiza en la ciudad un movimiento huelgario. Luego de casi tres meses de ausencia Pablo vuelve a la iglesia muy afectado de salud, ha sufrido un derrame cerebral, ya casi no puede moverse y el habla es estropajosa. Los ancianos deciden casarse, pero sus familiares se oponen. Un periodista lleva la historia a la televisión, y la población se involucra a favor de la boda. En momentos en que se va a realizar el acto nupcial a Pablo le da un infarto, y cuando el sacerdote los va a casar en la clínica, el anciano debe responder las preguntas con un parpadeo de ojos. Al tomar la decisión de si acepta o no a Verónica como su esposa, ocurre lo que nadie se esperaba.
Satisfaccion
Por eso, y ante la excelente calidad narrativa, nos llena de orgullo presentar esta novela, la cual será para los lectores un buen manjar literario.
El Pececito Juan y la Jaibita María
AUTOR
Lic. Agustín Cruz Paulino
Había una vez un pececito que vivía en un hermoso riíto. El pececito era de muchos colores: tenía el pecho azul plateado, sus aletas eran rosadas, su cola azul como el cielo, y sus lindos ojos cambiaban de matices dependiendo del lugar en que se encontrara. Ese Pececito se llamaba Juan.
El Pececito Juan tenía una amiga, llamada la Jaibita María, la cual era muy alegre, simpática, y se portaba muy bien con sus amiguitos y sus padres.
Un día, la Jaibita María iba caminando por el río y de pronto vio al pececito Juan que estaba llorando recostado sobre una piedra. Daba mucha pena, estaba muy triste y casi no abría los ojos.
La Jaibita caminó hacia donde él, y le preguntó:
---Juan, ¿qué te pasa, te duele la cabeza?
Y el pececito, sin dejar de gritar, muy tristemente le respondió que no, que no le dolía la cabeza.
La Jaibita le siguió preguntando:
---Juan, ¿alguien te has hecho daño?
---No, no, no--- Dijo el pececito sin dejar de llorar.
---Juan, ¿tú tienes frío?--- Preguntó la Jaibita, al tiempo que pasaba una de sus patitas por la espalda del pececito, acariciándolo amigablemente.
---No, no, no tengo frío.
La Jaibita María al ver a su amiguito en esa forma se puso muy triste, y los ojos se les aguaron como si quisiera gritar.
Al transcurrir el tiempo, la jaibita se iba poniendo más triste, y la voz apenas le salía. Y cuando sintió que de sus ojos salían dos tibias lágrimas, expresó:
---Dime, Juan, por favor, ¿qué te pasa?
El pececito Juan, sin dejar de gritar, le dijo:
---Que tengo hambre.
La jaibita al escuchar aquello, y como ella era muy activa y colaboradora, rápidamente se pasó las dos patitas delanteras por sus ojos y le dijo con voz no muy triste:
---No llores, Pececito Juan, vamos por el río a buscar comida.
---¡No, no, no, no!, ya yo busqué por el río y no encontré nada qué comer--- Respondió el pececito.
---¿Tú estás seguro que en el río no hay alimentos para que nosotros podamos comer algo?---Preguntó la Jaibita con mucha preocupación.
---Sí, sí, busqué por toda parte y no hallé nada de comer.
La Jaibita se sintió preocupada por un instante, pero como era muy inteligente y siempre trataba de encontrar respuestas positivas a los problemas, al instante le expresó:
---No te preocupes, Pececito Juan, yo saldré del río y buscaré en la orilla comida para ti. Espérame aquí.
La Jaibita caminó hasta salir del río, y el Pececito Juan, aunque estaba muy triste, ya no lloraba, se llenó de esperanza, pues sabía que su amiguita haría todo el esfuerzo posible para hallar alimentos... Ella anduvo por la orilla del río, y caminaba, caminaba, caminaba y no encontraba nada de comida.
Había recorrido mucho terreno y estaba muy lejos de donde se encontraba el Pececito esperándola. Se sentía muy cansada, por eso se sentó un ratito a descansar.
Ella pensaba, preocupada, dónde encontraría comida para su amiguito que se moría de hambre.
De pronto, por encima y alrededor de ella, pasaron las sombras de unas negras nubes que se paseaban por el cielo. La Jaibita miró hacia arriba y se dio cuenta que iba a llover. Por eso comenzó a caminar deprisa hacia el lugar donde le esperaba el Pececito Juan.
La Jaibita caminaba rápido para no mojarse con el agua de la lluvia, y cuando ya casi llegaba al río las gotas de agua empezaron a caer sobre ella y sus alrededores. La jaibita corrió, y justamente al penetrar al río se inició un fuerte aguacero.
Llegó donde se encontraba su amiguito, y con voz cansada y triste le dijo:
---Pececito Juan, yo anduve por la orilla del río y no encontré nada de alimento.
Al escuchar eso, el Pececito lloró con mayor pena y dolor:
---¡Ay, ay, ay, ay...!
---No llores, Pececito Juan--- Dijo con mucha preocupación la Jaibita.
La Jaibita se le acercó más al pececito y volvió a acariciarle tiernamente la espalda, pero el pececito no dejaba de llorar. Al poco rato ella le hizo una invitación:
---Vamos a mi casa a ver si mamá tiene algo de comida, ¿quieres ir?
---Sí, sí, sí--- Respondió Juan sin dejar de llorar, pero con esperanza de que allí hubiera alimentos para satisfacer su apetito.
Caminaron hacia donde vivía la Jaibita con su mamá, y llegaron al poco rato.
La Jaibita María entró rápidamente a su hogar y Juan se quedó afuera, muy cerca de la puerta.
---¡Mamá, mamá!--- Exclamó la Jaibita.
---¿Qué te pasa? Ven, estoy aquí, en el comedor--- Se oyó decir a la Mamá Jaiba.
La Jaibita María corrió con alegría hasta donde estaba su madre, y le dijo:
---Mamá, he traído un amiguito.
---¿Y dónde está? Dile que entre--- Expresó la Mamá jaiba.
Al poco rato la Jaibita llamó a Juan para que entrara a la casa, y cuando la Mamá Jaiba lo vio se llenó de asombro:
---¡Huao, qué pececito tan lindo! ¿Y cómo se llama ese pececito tan precioso?
---El se llama el Pececito Juan--- Respondió con alegría la Jaibita María al escuchar las hermosas palabras que pronunciaba su madre.
---¿Y por qué está tan triste?--- Preguntó con ternura la Mamá Jaiba.
---Es que él tiene mucha hambre, y vinimos a ver si tú tienes algo de comer--- Aclaró la Jaibita.
La Mamá Jaiba dejó de tejer la bufanda que preparaba. Se levantó de la mecedora y caminó hasta la pared que le quedaba enfrente. Al llegar allí dijo:
---¡Vamos a ver si aquí hay algo de alimento!--- Y movió la piedra que servía de puerta en una cueva, donde la Mamá Jaiba guardaba los alimentos.
Cuando el Pececito Juan y la Jaibita María miraron para el interior de la cueva, exclamaron con asombro:
---¡Huao... cuánta comida!
La Jaibita y el Pececito entraron a la cueva y comenzaron a comer de todo. Allí había salchichón, helados, refrescos, pan, bizcochos, mermeladas, guineos, manzanas, mentas, bolones y muchísimas cosas más. El almacén estaba repleto de alimentos.
El Pececito y la Jaibita comieron como nunca, y cuando se sintieron altamente satisfechos, el Pececito Juan, poniéndose su aleta derecha cerca de la boca, expresó:
---¡Ai, tengo sueño!
---Vamos a descansar en mi cama, que mamá no nos despertará--- Dijo la jaibita.
---Sí, acuéstense, que yo los cuidaré--- Aprobó la Mamá Jaiba.
El Pececito y la Jaibita se durmieron al poco rato y la Mamá Jaiba continuó tejiendo la bufanda que estaba preparando para el invierno que pronto llegaría.
Cuando el Pececito y la Jaibita despertaron la cena ya estaba servida. La Mamá Jaiba había preparado un sabroso chocolate con pan. Cenaron alegremente, y de ahí en adelante todos fueron muy felices...
FIN

